El vídeo que encabeza este post representa el nuevo estilo de comunicación que se está imponiendo y que he criticado abiertamente en El lado oscuro, diez falacias sobre las relaciones públicas, editado por Fragua.  Solo le falta al final un logotipo para  ser la representación exacta del relato comunicativo al que vienen entregándose las grandes  marcas. Si le interesa el tema de este artículo, le ruego que, antes de continuar leyendo, se tome su tiempo para verlo.

(…)

Bien, quizás le haya gustado. Quizás incluso le haya conmovido. Exactamente esa es la intención con la que ha sido realizado: emocionarnos. Los jóvenes reciben y comparten miles de vídeos y mensajes como este que provienen de grandes corporaciones. Este no lo es. Este es el mensaje de un coach y motivador profesional que se gana la vida produciendo vídeos como este. Por eso lo uso: para no señalar a ninguna marca en concreto. Pero seguro que el lector tendrá en su cabeza vídeos similares de grandes marcas que se hicieron virales y cuyo contenido está completamente alejado de los productos y enlazado en cambio con causas sociales o llamamientos a los jóvenes a la rebeldía.

La denominación que se ha usado para definir este estilo de comunicación es storytelling y este vídeo reúne todos los atributos con los que este suele presentarse:  es un mensaje audiovisual, que cuenta una historia, que tiene una moraleja, que es reduccionista tirando a maniqueo porque presenta a buenos y malos, que apela a la rebeldía de los jóvenes, que intenta ser cool y que se abona al bienpensar del momento tratándose de legitimarse con sus argumentos favoritos: es decir, ideas antes mal vistas y que ahora generan un verdadero tsunami de homogeneidad.

En este vídeo, en concreto, vemos el director de instituto blanco y encorbatado representando los valores supuestamente reaccionarios y desfasados.

El director lleva traje, pero su aspecto es en realidad cuidadosamente lamentable: la barba peluda y el peinado pasado de moda le hacen un flaco favor, los bajos del pantalón se le arrollan en el zapato, es gordo, la corbata está mal anudada y además le queda corta para acentuarle la tripa… Le falta un poco de caspa en los hombros de la chaqueta. Quizás lo consideraron excesivo.

Su discurso es el del rigor en los estudios, la organización y la planificación de la vida y  la seguridad laboral como base para la estabilidad familiar.

Ante un auditorio cuidadosamente diverso desde el punto de vista étnico y de género, ese profesor predice a los alumnos un itinerario académico y vital: acabarán el instituto, luego estudiarán en la universidad, más tarde empezarán su carrera profesional, quizás luego se casen y se compren una casa.

Con 30 años sus vidas estarán encaminadas, dice intentando rematar su intervención…

Justo antes de ser interrumpido y corregido por el profesor rebelde…

Rebelde y cool.

Que no es blanco.

Que no está gordo.

Que no lleva corbata.

Que es joven.

Y tiene la barba perfectamente recortada.

Y viste de negro.

Y representa la muy bien escogida diversidad racial del auditorio al que se dirige.

Que entra por los ojos mucho mejor.

Y que es además el creador del vídeo.

Un bloguero y speaker motivacional.

Un emprendedor social media.

Que en el vídeo es un profesor rebelde y cool, vestido entero de negro.

El profesor rebelde toma la palabra para enmendarle la plana al director de instituto.

Y viene a decir que el molde que propone el director falla porque él conoce mucha gente que no lo cumple.

Seguro que conocerá mucha gente que lo cumple, y que considera que ese molde ha contribuido a su felicidad… pero eso no lo dice.

Lo que dice es lo contrario.

Que conoce gente que no.

Gente que acabó pronto los estudios y sin embargo tardó en encontrar trabajo.

Gente que los acabó tarde y consiguió en cambio empleo enseguida.

Gente que nunca estudió y sin embargo encontró su vocación.

Gente que tiene un trabajo estupendo y sin embargo lo odia.

Gente que encontró su vocación de forma inesperada.

Gente que cambia de vida a mitad de la carrera profesional.

Gente que se casa y no tiene niños y gente que tiene niños sin casarse.

Gente que se ama y vive separada…

Y gente que tiene una relación pero ama a alguien más.

Es decir, gente a la que le va la poligamia, ahora rebautizada como poliamor, que eso sí que es cool.

Si el re-visitara el vídeo, comprobaría que a esa altura del discurso, a los estudiantes que escuchan, y al propio director blanco y gordo, están a punto de caérseles las cabezas de tanto asentir al profesor rebelde y cool

Y entonces la conclusión de este gran sabio del siglo XXI, youtuber profesional cuyos estudios en filosofía desconocemos, la gran conclusión es (y atención a la calidad de la metáfora) que el tiempo corre según nuestro propio reloj, que cada uno tiene su propio ritmo, y finalmente que no debemos desesperar en la búsqueda de nuestros sueños, de nuestros sueños individuales por supuesto, y que debemos ser pacientes y  no desesperar hasta encontrarlos…

Y es en este punto en el que resulta legítimo (por no decir necesario) preguntarse cuál es la verdadera intención de este vídeo, y si detrás de todo el envoltorio emocional de que vayamos a nuestro propio ritmo, detrás de esa supuesta rebeldía con respecto a los patrones establecidos, lo que hay realmente es un nuevo modelo social muy conveniente para los intereses del mercado y del capitalismo más salvaje, a la par que disolvente de las condiciones necesarias para la vida familiar.

Porque, en realidad, quizás, solo quizás, de lo que va el vídeo es de que los jóvenes tengan paciencia. Mucha paciencia.

De que no les importe si tardan en encontrar trabajo porque quizás es que no haya llegado su hora.

De que no tengan grandes expectativas en el valor de los estudios universitarios para su carrera profesional por si acaso tienen que trabajar poniendo copas.

De que no solo no le tengan miedo al cambio, sino que lo vean como algo excitante y positivo, aunque sea a costa de separarse de la familia.

De que tengan un propósito vital alejado de las prioridades familiares, y que en la búsqueda de ese propósito no les importe andar dando tumbos de un lado a otro, sin contratos, sin salarios, sin seguridad y sin horizonte.

De que asocien el éxito a la vida profesional y la felicidad también.

Quizás piense el lector que exagero, pero, si todavía tiene dudas sobre el subsuelo profundo del mensaje, le recuerdo los ejemplos.

¿Quiénes son?

¿Quizás héroes anónimos que dedican su vida a los demás?

¿Quizás investigadores que son felices en su laboratorio haciendo avanzar la ciencia con un sueldo justo y digno?

¿Quizás solo padres y madres que son felices entregados a la educación de sus hijos y anteponen la vida familiar a su egoísmo individual?

¿Quizás son maestros de escuela como el director blanco y gordo que renunciaron a carreras mejor remuneradas por entregarse a su vocación de enseñar?

¿Quizás es el médico de familia o el farmacéutico de la esquina, felices por contribuir a propósito superior que les supera, satisfechos de formar parte de un sistema sanitario que reporta cuidados y atención a todas las personas, sean del estatus social que sean?

¿Quizás son los ingenieros o trabajadores de la construcción que diseñan y ejecutan las carreteras, puentes o viviendas en que residimos?

¿Quizás son los periodistas que informan en sus periódicos locales denunciando tropelías en el ejercicio del poder público?

No. Son todos triunfadores y millonarios que, eso sí, no lograron serlo inmediatamente.

Triunfadores que cumplieron un sueño. El suyo mismo.

Triunfadores que enseñan a los jóvenes una lección, que les lanzan la siguiente exhortación: no dejes que nadie te apure con sus prisas, ni te apures tú con las tuyas.

Comprarse una casa después de los cuarenta puede ser maravilloso.

Y no comprársela nunca también.

Vive con la esperanza de llegar a ser un día como Amancio Ortega, como Morgan Freeman, como el fundador de Alibaba, como la autora de los libros de Harry Potter.

Ten paciencia y si no llega nunca ese día no importa, porque habrás vivido a tu ritmo…

Y sobre todo con un propósito maravilloso…

Porque ese es el éxito… tener una vida con propósito…

El propósito de hacerte millonario.

Como lo he logrado yo.

Ovación de gala y fin del vídeo.

O casi fin.

Porque el fin del vídeo es una apelación.  O una llamada a la acción (una call to action por hablar con mayor “propiedad” anglosajona)

La apelación es sencilla y directa.

Comparte hoy.

Sí. Hoy, mejor que mañana, porque quizás mañana ya no tengas la piel de gallina.

Quizás mañana, si lo piensas un poco, comprendas que se trata de un discurso superficial y materialista.

Un discurso que asimila el éxito al dinero, que antepone el sueño individual sobre el proyecto colectivo, y la realización profesional sobre la vida familiar y personal.

Un discurso que bajo el mensaje epidérmico de que todo te llegará a tu tiempo, de que cada uno tiene su propio ritmo, transmite a la juventud la idea tendenciosa de que todos los sueños se cumplen, de que es mejor la precariedad esperanzada que la estabilidad sin enormes expectativas, de que el nomadismo es un avance y no un retroceso, de que la espontaneidad es preferible a hacer planes, de que tener un propósito es mucho más importante que tener un trabajo, de que el sentido de la existencia es individual y nada es más importante que tú y después tú.

Periódicamente, en las redes o en el whatsapp, llegan viralizados vídeos de estas características, invitando a los jóvenes a hacer grandes cosas, a no poner límites a sus sueños y a perseguirlos con auténtica desesperación. Y muchos de estos vídeos, como decía antes, proceden de las propias marcas que, en su deseo de convertirse en significados trascendentes, abanderan estas causas sociales dominantes que las hacen más atractivas, con las que quieren convertirse en mitos.

Las relaciones públicas (la denominación original y americana de la comunicación corporativa e institucional), que fueron fundadas para dar transparencia a las corporaciones, para hacerlas dialogar con sus públicos, para someterlas en última instancia al juicio del público en general, se están entregando a la construcción de marcas-mitos a través de un storytelling emocional y abonado a las causas dominantes aparentemente rebeldes.

Y al hacerlo están abandonando su territorio natural, para entrar en el lado oscuro de la vida pública. Había una vieja máxima del periodismo amarillista que decía: “no dejes que la verdad te estropee un buen titular”. Los profesionales de la comunicación estamos haciendo nuestra esta máxima reformulada de la siguiente forma: “no dejes que la verdad te estropee un storytelling conmovedor”.

Las relaciones públicas que se entregan a ese nuevo amarillismo de las emociones pertenecen al lado oscuro.